Convivencia escolar: reconstruir confianza sin rigidez ni complacencia
Desde 2019, la tensión entre apoderados y profesores en Chile viene creciendo de forma sostenida. Detrás de cada conflicto puntual —un reclamo, una sanción, una reunión que termina mal— hay un patrón más amplio: desconfianza institucional, polarización y estrés social que las escuelas no generaron, pero que tienen que administrar todos los días.
La respuesta habitual oscila entre dos extremos, y ninguno funciona. La rigidez —imponer la norma sin escuchar— profundiza la desconfianza. La complacencia —ceder para evitar el conflicto— disuelve la autoridad pedagógica que la institución necesita para cumplir su rol. Hay un camino entre ambos, y no es un punto medio cómodo: es un trabajo deliberado.
En los procesos de convivencia que acompaño, ese trabajo tiene cuatro líneas:
- Validar el sentir y escuchar antes de responder. No como técnica de comunicación, sino porque casi ningún conflicto se resuelve si la otra parte siente que no fue escuchada primero.
- Plantear con firmeza la perspectiva de la escuela, después de escuchar. Escuchar primero no es ceder. Es ganar el derecho a que la posición de la institución también sea escuchada.
- Buscar coherencia para reconstruir confianza mutua y trabajo colaborativo. La confianza no se restituye con un comunicado. Se restituye cuando lo que la institución dice y lo que hace coinciden, de forma sostenida.
- Construir vínculos reales con las familias. Un plan de comunicaciones claro, espacios de conversación sincera y actividades que nazcan de una alianza real —no de un protocolo.
La autoridad pedagógica no se restituye con dureza ni se protege evitando el conflicto. Se restituye con coherencia, respeto y colaboración sostenidos en el tiempo.